Ordenando tu Vida

Unas historias Personales. Unas palabras Privadas

Quiero contarte una historia.

Va de una personita que perdió a su padre cuando más falta le hacía. Era el que cuidaba de su madre, afectada por una enfermedad degenerativa. Recibió un diagnóstico que cambió su vida y se lo llevó en pocos meses para siempre. Así, casi sin avisar. Con la de cosas que todavía quedaban por compartir. Con todo lo que se tenían que decir. Ahora todo es silencio. La Tristeza invadió su ser interior.

A las pocas semanas, todavía con el shock del fallecimiento de su padre, cometió un error del que se arrepiente profundamente. Dejó a su perrito encerrado en el coche, en plena ola de calor, mientras hacía la compra. Cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. El animalito no resistió el duro golpe. Aunque la vida siguió, su mente no dejó de recordarle una y otra vez aquello que pasó, y la Culpa se convirtió en su sombra diaria.

Después de arrastrarse por los días, dejando que pasaran a ver si, como dicen, el tiempo lo cura todo, llegaron más noticias difíciles. En el trabajo había cambios. Su departamento, en el que llevaba trabajando más años de los que recordaba, lo externalizaban a otro país. Le prometieron que harían todo lo posible para que su salida fuera lo menos traumática posible. El último día, cuando entregaba su tarjeta identificativa, otro nuevo dolor nacía en su interior: El Miedo había llegado.

Ahí no acabó todo. La única compañía que le quedaba, su pareja, con la que había compartido todo mientras la vida estaba viva, también se fue. De repente, empezó a mostrarse distante. Pensó que sería algo pasajero. Para nada se imaginaba que, un día, al volver a casa, se encontraría el juego de llaves y una nota que decía “Te fuiste tras ellos y yo no quiero seguirte. Has cambiado tanto que no te reconoces ni tú”. Lo único que logró sentir en ese momento fue abandono y… Enfado. Era totalmente injusto ese juicio después de todo lo que estaba pasando.

Parecía que todo su mundo había apagado las luces de su camino y ya no supiera hacia dónde dirigirse. La Vergüenza de que se conociera su situación inundaba su alma. Lo que más le dolía no era el Dolor físico, sino la incertidumbre, la angustia y la idea de que el futuro ya no estaba en sus manos.

Seguramente, te identificarás con alguna de estas situaciones. O, a lo mejor, la tuya es diferente. Lo que quiero decirte es que no importa cuál sea tu historia, tu dolor o tu carga: no tienes por qué enfrentarlo en soledad. Ya no.

Quiero que sepas que hay maneras de recordar a seres queridos con Amor, sin que el vacío que dejan te destruya. Quiero que sepas que hay formas de vivir los días en Calma, con Fuerza y con un nuevo Sentido. Y quiero que sepas que aprender a Perdonarse y Aceptarse es volver a caminar con esperanza.

Si intuyes que el camino puede ser ese, ha llegado tu día. El día que has dicho ya basta. Que no puedes más.

Si quieres un compañero de viaje para ese nuevo camino, aquí estoy. Porque yo ya lo he recorrido. Ya lo conozco. Y durante el trayecto, podrás hablar sin Miedo, sanar sin Juicios y volver a Sentir que la vida tiene un rumbo para ti.

Porque si no es así, ¿por qué estás aquí leyendo esto?

Para que pueda acompañarte, me encontrarás aquí debajo